10 de mayo de 2013

Los miedos olvidados



Casi siempre las cosas suceden de forma bien diferente a como las hemos anticipado; es por esto que de nada sirve ensayar de antemano una conversación, o una actitud, o incluso el modo de comunicar a alguien una decisión que juzgamos irrevocable…

…Y no deja de ser curioso que, no obstante, nos sigamos empeñando en vivir la vida de antemano, en imaginar, presentir y suponer; en idear una y mil maneras de colocar sobre el tablero de la vida las piezas que harán, de situaciones casi totalmente imprevisibles, otras situaciones diferentes, parecidas a como queremos que sean, o como creemos que deberían ser. Se debe tal vez ello a la tenaz persistencia del hombre en creer, contra toda esperanza, que es él en última instancia el dueño y señor de su destino; que el libre albedrío es un regalo o un don y no un castigo, y que está en su mano disponer las reglas según las cuales se van a regir las diferentes etapas de su vida. Y aunque si bien es cierto que las grandes decisiones sí las tomamos nosotros, todas aquellas otras decisiones más pequeñas que en su infinita continuidad nos han ido llevando a ellas, y a las que casi no prestamos atención, son obra en su mayor parte de cosas o personas que nos son ajenas, sobre las que no tenemos el menor dominio, y cuyo comportamiento nos resulta imposible tanto preveer como modificar. 

Verónica Fernández Muro - Los miedos olvidados

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